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jueves, abril 23, 2026
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Narra soldado ruso abusos a unidades de convictos

Un mes después de estar en el frente, Alexander, un convicto que servía en el Ejército ruso, no había visto a ni un solo soldado ucraniano y apenas había hecho algunos disparos.

La amenaza de muerte venía de lejos, y aparentemente de todas partes.

Enviado para proteger el río en el sur de Ucrania, su unidad formada apresuradamente, compuesta casi en su totalidad por convictos, soportó por semanas bombardeos implacables, ataques de francotiradores y emboscadas.

El terreno pantanoso y llano no ofrecía protección más allá de las quemadas cabañas.

Alexander dijo que había visto perros roer los cadáveres de sus camaradas muertos, bebió agua de lluvia y hurgó en los basureros en busca de comida. Alexander señaló que de 120 hombres en su unidad, solo unos 40 siguen vivos.

El Ejército ruso presiona fuertemente a estos sobrevivientes para que permanezcan en el campo de batalla hasta el fin de su contrato de seis meses, según Alexander y los relatos proporcionados a The New York Times por otros dos reclusos rusos que luchan en el frente.

“Nos están enviando a una masacre”, dijo Alexander en una serie de mensajes de audio desde la región de Jersón, refiriéndose a sus comandantes. “No somos humanos para ellos, porque somos criminales”.

Su relato ofrece una rara perpectiva a los combates en Ucrania desde el punto de vista de un recluso ruso.

Las unidades compuestas por convictos se han convertido en una de las piedras angulares de la estrategia militar rusa, ya que los combates prolongados han diezmado las fuerzas regulares del país.

Las descripciones de Alexander no se pudieron confirmar de forma independiente, pero cuadran con los relatos de los soldados ucranianos y los prisioneros de guerra rusos que dijeron que Moscú usa a los reclusos como carne de cañón.

Los relatos de los soldados se obtuvieron a través de mensajes de voz durante las últimas dos semanas, algunos en entrevistas directas y otros a través de mensajes proporcionados por familiares y amigos.

Sus apellidos, datos personales y unidades militares se han ocultado para protegerlos de represalias.

El testimonio de Alexander transmite la brutalidad impuesta a los convictos rusos y el costo humano que Moscú está dispuesto a pagar para mantener el control del territorio ocupado.

El Ministerio de Defensa ruso comenzó a inscribir en febrero a miles de convictos de las cárceles del país en unidades especiales denominadas “Storm Z”, tras tomar el cargo de un modelo de reclutamiento penitenciario utilizado por la empresa militar privada Grupo Wagner en el primer año de la guerra.

Alexander dijo que se alistó en marzo, poco después de recibir una larga pena de prisión por homicidio en el centro de Rusia. Dejó en casa a una esposa, una hija y un hijo recién nacido, y temía no sobrevivir a las torturas y extorsiones en su cárcel.

Al igual que a otros combatientes reclutados, se le prometió un salario mensual equivalente a 2 mil dólares y la libertad al final de su contrato de seis meses.

Wagner afirma que 49 mil presos lucharon por su fuerza en Ucrania y que el 20 por ciento de ellos murió.

Ex combatientes han descrito brutales medidas disciplinarias impuestas por el grupo paramilitar.

Sin embargo, los sobrevivientes de Wagner también han dicho ampliamente que pudieron cobrar salarios y regresar a casa con total libertad después de seis meses.

Para elevar las cifras de reclutamiento, Wagner también trabajó para rehabilitar a los reclusos ante los ojos de la sociedad rusa, presentando su servicio militar como una redención patriótica.

Sin embargo, en febrero, Wagner había perdido el acceso a las prisiones durante una lucha de poder con el alto mando militar, lo que permitió que el Ministerio de Defensa los suplantara en términos de reclutamiento de convictos.

Se desconocen el tamaño y las tasas de bajas en las propias unidades de reclusos del Ejército ruso. Sin embargo, un recuento de las muertes de guerra del país recopilado por la BBC y Mediazona, un medio de comunicación independiente, muestra que los reclusos se convirtieron en las bajas más frecuentes a partir de esta primavera, lo que subraya la gran contribución que han hecho al esfuerzo bélico del país.

El testimonio de Alexander y otros tres ex reclusos muestra cómo han evolucionado las unidades de convictos bajo el control directo del Ejército ruso.

The Times obtuvo la información de contacto de Alexander a través de una activista de derechos rusa, Yana Gelmel, y verificó su identidad y la de otros reclusos utilizando registros judiciales disponibles públicamente y entrevistas con sus familiares y amigos.

Los soldados han descrito pagos de salarios irregulares que estaban muy por debajo de las cantidades prometidas por el Estado y la incapacidad de cobrar compensación por lesiones.

Alexander también señaló que sus oficiales habían impedido explícitamente que los hombres de su unidad recogieran a sus camaradas muertos del campo de batalla.

Esto, dijo, se hizo para evitar que sus familias reclamaran una compensación, porque los soldados muertos serían registrados como desaparecidos en lugar de muertos en acción.

“Había cuerpos por todas partes”, dijo Alexander, describiendo los combates a orillas del río Dniéper en mayo. “Nadie estaba interesado en recogerlos y amontonarlos”.

El Ministerio de Defensa de Rusia no respondió a una solicitud de comentarios.

Alexander también afirmó que sus oficiales usaron amenazas e intimidación para obligar a los reclusos sobrevivientes a permanecer en el frente por otro año después de la finalización de sus contratos.

Otro soldado ex recluso que prestaba servicio en el frente de Zaporiyia, dijo que su contrato lo obligaba a permanecer en Ucrania por un año más después de obtener su indulto, esta vez como militar profesional.

Después de un mes de entrenamiento cerca de la ciudad ocupada de Lugansk, Alexander contó que lo enviaron con su unidad a mantener una línea de antiguas casas de vacaciones cerca del Puente Antonovskiy, un área que Ucrania ha estado atacando desde que las fuerzas rusas invadieron el país.

Pasaron las siguientes tres semanas y media bajo el bombardeo constante del enemigo invisible, que bombardeaba sus posiciones expuestas desde el otro lado del río y las atacaba con francotiradores y en emboscadas nocturnas. Los drones enemigos volaban constantemente sobre ellos.

El objetivo de su misión no estaba claro para ellos; se les dijo que simplemente permanecieran en sus posiciones. No tenían armas pesadas ni medios para defenderse de los ataques ucranianos.

“Estoy corriendo con una pistola automática como un idiota. No he hecho un solo disparo, no he visto un solo enemigo”, dijo en un mensaje de voz en ese momento un ex recluso de la unidad de Alexander llamado Dmitri, quien ahora falleció.

“Solo somos un cebo para exponer sus posiciones de artillería”. El mensaje fue compartido con el Times por la esposa de Dmitri.

“¿Por qué diablos necesito estar aquí? ¿Sentarse y temblar como un conejo porque los proyectiles siguen explotando a tu alrededor?”, dijo Dmitri en uno de los mensajes.

Fuente Reforma

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